dilluns, 6 d’abril del 2020

La Covid-19 y el Paralelo 40 Norte


Los paralelos son las líneas imaginarias que junto a los meridianos, perpendiculares a ellos, permiten localizar cualquier punto en la superficie terrestre. Se llaman así porque se trazan paralelas al ecuador, perímetro de 40.000 km que divide la Tierra en los hemisferios norte y sur. A diferencia de los 360 meridianos que unen ambos polos geográficos, cuya longitud idéntica es de 20.000 km, los paralelos se acortan progresivamente a medida que se alejan del ecuador hasta llegar a los polos, donde alcanzan la longitud de un punto. Hay 180 paralelos, 90 al norte y 90 al sur. Los números coinciden con los 90 grados sexagesimales de un ángulo recto con el vértice en el centro de la Tierra, un extremo en uno de los polos y el otro en cuaquier punto del ecuador. La latitud indica la distancia en grados de un lugar dado al ecuador; de modo análogo funciona la longitud con respecto al meridiano de Greenwich. Pues bien, la latitud y la inclinación del eje de rotación de la Tierra son los mayores factores determinantes del clima. Cuanto más lejos del ecuador (latitud más alta), menor es la cantidad anual de radiación solar recibida y, en consecuencia, la temperatura media decrece. A grandes rasgos, puesto que hay otros factores físicos coadyuvantes, las zonas que equidistan del ecuador y de los polos son las de clima templado, que se caracterizan por tener cuatro estaciones anuales claramente diferenciadas.
La extensión planetaria de la Covid-19 es casi total. No hay prácticamente ningún país que no reporte algún caso de contagio y muerte. En cambio, la morbilidad y la mortalidad (tasa de contagios y de defunciones con respecto a la población total), así como la letalidad (número de muertes en relación al número de contagiados) siguen marcando grandes diferencias entre unas naciones y otras aunque se acumulen las semanas desde el inicio de la pandemia.
Los únicos diez estados de todo el mundo que superan las 1.000 víctimas mortales son, ordenados por el número de positivos declarados, Estados Unidos, España, Italia, Alemania, Francia, China, Irán, Reino Unido, Bélgica y Países Bajos.[1] Siete de los países son europeos y miembros de la UE (suman 375 millones de habitantes), uno es americano (330 millones) y dos, asiáticos (1.480 millones). Todos ellos son países de clima templado del hemisferio norte. Las zonas más afectadas se sitúan alrededor del paralelo 40 de latitud norte (en la franja delimitada por los paralelos 30 y 50; Wuhan, la ciudad china donde se originó la pandemia, está ubicada en 30˚35'N). Llama poderosamente la atención el hecho de que la mayor parte de las víctimas se concentre en regiones muy acotadas de los países más damnificados (Hubei, Lombardía, Nueva York, Madrid, Barcelona, etc.). En general, parece que cuanto más lejos del paralelo mencionado se halla el virus, menor es su virulencia -considerando las excepciones pertinentes por razones orográficas, microclimáticas, demográficas, sociológicas o económicas. Por poner un ejemplo: si el área afectada se extiende un poco más al norte en el continente europeo, es a causa de una particularidad climática bien conocida: la Corriente del Golfo proveniente del Caribe determina que el clima de la Europa occidental atlántica sea más cálido de lo que le correspondería por latitud.
Los diez países referidos suman 1.009.786 casos de los 1.274.976 mundiales (un 79,2%). En cuanto a víctimas mortales, aportan 62.270 de 69.501 (un 89,6%). Sin embargo, su población conjunta (2.165 millones) representa sólo el 28,1% de la población mundial (de unos 7.700 millones). Las cifras absolutas aumentan cada día, pero se observa que las relativas se mantienen bastante estables.
Cuando la pandemia lleva algo más de tres meses expandiéndose, todavía no hay ningún país tropical que presente cifras preocupantes. Naciones superpobladas como India, Bangladesh e Indonesia (Asia), Brasil (América) o Nigeria (África) están muy por debajo de las tasas medias. Brasil, el primer país del hemisferio sur que aparece en el ranking, ocupa la posición 15 con 11.281 positivos y 487 muertos. Pero hay que tener en cuenta que en Brasil hay 209 millones de personas. Sólo Italia, España, Reino Unido y Francia, cuatro países europeos que suman 240 millones de habitantes, lamentan 40.000 fallecimientos. Lo expuesto sugiere que las condiciones climáticas de los trópicos no son muy favorables al SARS-CoV-2.
En cuanto a las regiones templadas del hemisferio sur climáticamente equiparables a las del norte, así las áreas más pobladas de Argentina y Chile, la República de Sudáfrica, Australia y Nueva Zelanda, tampoco manifiestan mucha incidencia. Australia (núm. 20 del ranking y 25 millones de habitantes) declara 5.788 afectados y 39 fallecidos. La República de Sudáfrica, (núm. 47 y 60 millones de habitantes) reporta 1.655 y 11. A diferencia de lo que ocurre en las zonas tropicales, esto puede ser debido a la estacionalidad propia de los climas templados. Allí, ahora se está iniciando el otoño. Tendremos que estar muy atentos a cómo evolucionan los datos cuando llegue su invierno.
No hay duda de que virólogos y epidemiólogos, geógrafos y climatólogos, matemáticos economistas, salubristas y toda la suerte de expertos que asesora a los gobiernos estarán analizando los datos disponibles y sacando sus conclusiones. Sabemos cómo se está comportando la Covid-19. El interés está ahora en averiguar por qué lo hace. Cuando los científicos nos lo aclaren, quizá descubramos que las precauciones que hay que adoptar y las acciones que hay que emprender no son idénticas en todas partes. Y que a lo mejor los gobiernos deberían haberse coordinado para optimizar los recursos disponibles, facilitando su envío a los lugares que los precisaran. En el mundo no faltan mascarillas, EPIs ni respiradores. Sólo están mal distribuidos. Disputárselos o competir por ellos en los mercados internacionales está enriqueciendo a los especuladores y a las mafias, a la vez que provoca carestía.
Puede que algún día nos demos cuenta de que hemos convertido una grave crisis sanitaria localizada, aunque multifocal, en una enorme crisis económica mundial de consecuencias imprevisibles. Habrá sido por ignorancia, por impotencia, por egoísmo nacional, por ineptitud, por negligencia, por desconfianza... o por un poco de todo ello. Saberlo servirá de poco para esta ocasión. No obstante, sería imperdonable no aprender de los errores que se haya podido cometer, porque los expertos anuncian nuevas pandemias.



[1] Este artículo ha sido elaborado con los datos disponibles en fecha 6/04/2020 en https://www.worldometers.info/coronavirus/ y sitios web de instituciones fiables. Por supuesto, no puedo garantizar que se ajusten totalmente a la realidad -ni creo que nadie pueda hacerlo.

diumenge, 29 de març del 2020

Pánico ante una pandemia menor

Pánico ante una pandemia menor[1]

"Cuando estalla la guerra, la primera víctima es la verdad.", Esquilo
Según el Diccionario de la Lengua de la RAE (DLE), una pandemia es una "Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región". El Merriam-Webster's Dictionary la define como “An outbreak of a disease that occurs over a wide geographic area and affects an exceptionally high proportion of the population: a pandemic outbreak of a disease”. Las definiciones de Oxford y Cambridge son más laxas y apenas se distinguen de las de epidemia o endemia. Podemos estar de acuerdo en que la emergencia sanitaria que vivimos es una pandemia si consideramos que afecta a casi todos los países del mundo. Sin embargo, en la mayor parte de ellos la morbilidad es tan baja que no cumplen la condición de sufrir un contagio masivo. Las definiciones de los diccionarios generales de la lengua suelen ser imprecisas cuando se trata de términos técnicos. Son los organismos competentes los responsables de desarrollarlas a medida que se requiere más rigor. Así, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido que para declarar el estado de pandemia y poder activar una serie de protocolos de actuación, se tienen que cumplir dos criterios: que el brote epidémico afecte a más de un continente y que los casos de cada país ya no sean importados sino provocados por trasmisión dentro de la propia comunidad. Sin pretender enmendar la plana a la OMS, quizá el término epidemia: "Enfermedad que se propaga durante algún tiempo por un país, acometiendo simultáneamente a gran número de personas." (DLE) describa mejor cómo actúa el Covid-19 una vez ha penetrado en algunas áreas que le resultan propicias. Es el caso de Lombardía (norte de Italia), las CCAA de Madrid, Cataluña y La Rioja (España), la ciudad de Nueva York (EE.UU.) y, por supuesto, de su origen conocido, la ciudad de Wuhan (provincia de Hubei, China). Parece que esta pandemia se manifiesta como una epidemia a partir de ciertos focos muy localizados o epicentros. En seguida expondré mis razones.
Los únicos seis países que, según las cifras oficiales, superaban los 1.000 muertos a primera hora del 28 de marzo de 2020 son, ordenados de mayor a menor, Italia, España, China, Irán, Francia y EEUU.[2] Entre todos, sumaban 23.644 muertos de los 27.373 registrados en todo el mundo (86,37%); y tenían 407.635 afectados de un total mundial de 597.318 (68,24%).[3] Parece que el Covid-19 se comporta de manera muy selectiva.
Dos de estos países, Italia y España, sufrían una letalidad del 10,5% y el 7,8%, respectivamente. Son porcentajes escalofriantes, sin parangón en ningún otro país del mundo, por más que no dispongamos del número real de contagiados (lo cierto es que ningún país lo conoce). La magnitud real de los contagios debe ser mucho más grande, lo que situaría la letalidad ligeramente por debajo del 1% si hacemos caso a los expertos. En el mismo día, la tasa era del 1,63% en EEUU y del 0,68% en Alemania, una cifra tan baja esta última que resulta insólita en el conjunto de las naciones. Sin embargo, es la que los virólogos pronostican como certera.
Abundando en la geografía, los epicentros de la pandemia están situados en algunas áreas templadas del hemisferio norte. Parece claro que la latitud y el clima son factores cruciales. Las cifras aportadas por un país tropical como India son ínfimas (tomando en consideración que el subcontinente indio acoge a un sexto de la población mundial). Aunque admitamos que no son del todo fiables, no han variado significativamente en los últimos siete días. En la mayor parte de los países de otras latitudes del globo, incluyendo los templados del hemisferio sur por razones estacionales, los casos son anecdóticos. Consultar el mapa mundi y revisar la prensa extranjera resulta bastante ilustrativo.
La evolución de la epidemia, que podemos ir siguiendo día a día desde nuestro confinamiento gracias a instituciones y medios solventes a través de Internet, nos ha llevado hasta aquí. No sabemos cómo seguirá ni cuándo acabará. El único modelo que conocemos es el de China, que nos lleva un par de meses de ventaja (descontando el caso de Corea del Sur, un país similar a España en población, latitud y PIB, donde el brote fue abortado por la rapidez en la detección y aislamiento de contagiados). La curva de la función matemática china se ha aplanado y ya casi no registra nuevos contagios ni muertos.
No se podía prever a finales de enero que la epidemia golpearía tan especialmente a Italia y España, por lo que acusar a nuestros líderes políticos de haber reaccionado tarde y mal es una suerte fácil a toro pasado. Para compararnos con otros países occidentales, Emmanuel Macron tardó aún más, y Francia no evoluciona tan mal como España. Por su parte, dos líderes de países anglosajones, Boris Johnson y Donald Trump (recordemos cómo se reía el presidente norteamericano del virus chino), quienes tomaron medidas después de Pedro Sánchez y de manera notablemente más laxa, pueden presumir de que las cifras de sus países son claramente mejores que las nuestras. EEUU tiene el número más alto de contagiados del mundo, 104.256 (0,03% de la población), pero se suele obviar que acoge a un número de habitantes siete veces mayor que España (siguiendo esta proporción, España tendría menos de 10.000 casos confirmados y no los casi 68.000 que presentaba el día 28). Sin embargo, a pesar de sufrir tantos contagios en términos absolutos, sólo han reportado 1.704 defunciones (1,63% de letalidad, la tercera tasa más baja, después de Alemania y Corea del Sur). En cuanto a Reino Unido, hay referenciados únicamente 14.543 casos positivos (0,024% de la población) y 759 decesos (5,21% de los enfermos). Una tasa de letalidad mucho menor que la española y la italiana (recuérdese que España e Italia superaban el 7% y el 10%, respectivamente).
Cuando pase la epidemia, será urgente investigar por qué Italia y España han sufrido más severamente que ningún otro país los estragos de un virus tan virulento como poco letal (China tiene una población veintiocho veces mayor que la española y está muy por detrás tanto en positivos confirmados como en fallecidos). Ha quedado patente que el tópico mil veces repetido de que la sanidad española era una de las mejores del mundo ya no vale -si valió alguna vez antes de los drásticos recortes presupuestarios posteriores a 2008. Un 14% de los contagiados españoles son sanitarios: un récord mundial infausto que cuestiona severamente las condiciones laborales de nuestros sanitarios, que tienen fama por lo demás de ser profesionales muy bien formados y por este motivo los exportamos a algunos países principales de la UE. Si no hay una predisposición genética o una explicación sociológica a la vulnerabilidad de españoles e italianos ante el Covid-19, habrá que reconocer que quizá la enorme desinversión en recursos para la salud pública, llevada a cabo durante años por gobiernos de distinto signo, tenga algo que ver con nuestra dramática situación.
No sería sorprendente descubrir que buena parte de los contagios de la población general se han producido en los centros de salud (CS) o de atención primaria (CAP) y en los servicios de urgencias de los hospitales. Sabiendo lo que sabemos, ¿por qué no se tranquiliza de una vez a los ciudadanos mostrando cómo la gripe común causa en el mundo muchos más fallecimientos que el Covid-19 en cualquier temporada estándar? ¿Por qué se optó por el alarmismo cuando ya se suponía que la curva de crecimiento remitiría? ¿Solamente para no congestionar las UCI? El alarmismo instigado desde la mayoría de los medios de comunicación hizo que miles de personas con síntomas leves de otras afecciones acudieran a los servicios de urgencias, de donde probablemente muchos volvieron a casa contagiados de coronavirus.
Seguramente, el precio que vamos a pagar en forma de recesión económica será muy superior al que ya pagamos en vidas humanas. Es un indicador de inmadurez social disimular el hecho de que la inmensa mayoría de las víctimas son ancianos que tenían una esperanza de vida breve y de pésima calidad. También lo es aplazar sine die la anticipación de soluciones para las consecuencias que las medidas draconianas que se han adoptado tendrán en la economía y, por tanto, en la ciudadanía. La proliferación de ERTE, el presumible retraso en el regreso del paro a niveles normales y la pérdida general de poder adquisitivo por la inercia de la frenada, así como los inevitables recortes presupuestarios, serán catastróficos. Los afectados serán ciudadanos de los mismos estados que ahora los perjudican por su propio bien decretando la hibernación de la economía.
No podíamos haberlo sabido antes, es cierto, pero tal vez deberíamos aprender algo de esta crisis para afrontar otras similares que, según los epidemiólogos, abundarán en el futuro. Parecería una locura haber actuado de manera diferente a como lo han hecho la mayoría de gobiernos. Boris Johnson lo intentó cuando expuso su estrategia de lograr la inmunidad de grupo en Gran Bretaña (una tesis técnica que anticipa lo que probablemente acabe ocurriendo en el plazo de un año en todo el mundo) y pronto tuvo que dar marcha atrás a regañadientes.
Cuando se produzca una nueva ola análoga a la actual, tal vez sería más razonable aislar y proteger a toda la población de riesgo y dejar que la mayoría social, suficientemente saludable como para superar una infección similar a la del Covid-19 sin demasiadas complicaciones, siga trabajando y produciendo siempre que respete las precauciones indicadas por la autoridad sanitaria. Las pérdidas de vidas, siempre dolorosas para los allegados, se harían así soportables en virtud del interés general. No somos inmortales, y en ocasiones parece más inteligente dejar que la parca se cobre su tributo con un poco de antelación que derrochar el tesoro del reino para disuadir a la fatalidad acaso por unos meses. Si nuestras privilegiadísimas y blandengues sociedades no están preparadas para asumir el relativamente bajo coste en vidas de esta crisis, ¿qué pasará cuando llegue otra guerra o una pandemia verdaderamente mortífera como la gripe española de 1918 (murieron 50 millones de personas en todo el mundo) o la epidemia de peste de 1347 (desapareció un tercio de la población europea; el equivalente hoy a 150 millones de personas sólo en la Unión Europea)?
Forma parte de las responsabilidades de gobierno hacer un análisis racional y realista del coste-beneficio, no uno moralista y falsamente compasivo. Con la información disponible y el asesoramiento de los expertos, los dirigentes deben tomar decisiones racionales, honestas y valientes, aunque sean duras e impopulares. Al final, los verdaderos líderes se hacen responsables de los resultados de las acciones que ordenan ejecutar, sean estos buenos o malos. Se pueden rememorar muchas situaciones históricas relevantes, con ocasión de guerras o crisis graves, en las que el jefe de gobierno tuvo que tomar decisiones crueles y discriminatorias para una parte de la población en aras del interés general del estado. Por poner un ejemplo conocido, en la 2ª Guerra Mundial, el Primer Ministro británico Winston Churchill decidió no advertir a los ciudadanos de Coventry de que serían bombardeados por los aviones de la Luftwaffe para no revelar que Enigma había sido descifrado. El ataque causó miles de bajas civiles. Una vida humana no vale siempre igual en el mercado de la geopolítica. Ni dos vidas son equivalentes. Lo saben muy bien los médicos que deben decidir estos días, con las plazas de las UCI limitadísimas, a qué paciente se atiende y a cuál se desahucia.
Y mientras tanto, a medida que la epidemia prosperaba, los expertos de cada país hacían sus proyecciones estadísticas con los datos disponibles. Dado que los países ricos del centro y del norte de Europa se están librando de la plaga, no es esperable que la UE emita coronabonos ni autorice una mutualización de las pérdidas mientras no cambie la tendencia. Como mucho, la Comisión Europea ofrecerá un rescate a España y a Italia (Francia probablemente no lo necesitará). Y, como ocurrió en la última crisis económica, no hay duda de que para aprobar el rescate se exigirán unas condiciones durísimas. Europa está muy lejos de ser un supraestado; no pasa de ser un supermercado.
Tengo la descorazonadora sensación de que formo parte de un pasaje infantil en una nave tripulada por ciegos y pilotada por tuertos miopes. La prensa seria sigue el juego a las autoridades como si no hubiera alternativa y la prensa amarilla las critica por razones espurias. Cada facción utiliza sus armas en la guerra partidista, pero no alega razones económicas y técnico-sanitarias.
¿Quizás ignoramos ya la que solía ser nuestra única certeza? ¿Necesitamos, al igual que los divinizados emperadores de Roma, que alguien nos la recuerde? ¿Que se nos recuerde que somos mortales?
Memento mori



[1] Este artículo se ha elaborado con los datos hechos publicas la mañana del 28 de marzo de 2020 en https://www.worldometers.info/coronavirus/. Al cabo de 24 horas, las cifras absolutas habían aumentado, pero las relativas no lo habían hecho significativamente. Es de prever que crezca la tasa de morbilidad y decrezca la de mortalidad a medida que corran los días; hasta que la epidemia, indefectiblemente, pase.
[2] El día 29 de marzo, el Reino Unido se ha unido a este infausto elenco, y probablemente otros le sigan en breve.
[3] El número de infectados en ese momento representaba un 0,0077 de la población del planeta (de aproximadamente 7.700 millones). En todo lo que va de año, un 0,2% del total de defunciones en el mundo han sido causadas por el virus Covid-19. Teniendo en cuenta las edades y el estado de salud de la mayoría de los afectados, muchos de ellos habrían muerto inevitablemente poco después.

Pànic per una pandèmia menor

Pànic per una pandèmia menor[1]

“Quan esclata la guerra, la primera víctima és la veritat.”, Èsquil
Segons el Diccionari de l’Institut d’Estudis Catalans (DIEC), una pandèmia és una “Malaltia epidèmica estesa a molts països i que afecta molts individus del mateix país a la vegada”. El Merriam-Webster’s Dictionary la defineix com “An outbreak of a disease that occurs over a wide geographic area and affects an exceptionally high proportion of the population: a pandemic outbreak of a disease”. Les definicions d’Oxford i Cambridge són més laxes i amb prou feines es distingeixen de les d’epidèmia o endèmia. Podem estar d'acord en què l’emergència sanitària que vivim és una pandèmia si considerem que afecta gairebé tots els països del món. No obstant això, en la major part la morbiditat és tan baixa que no compleixen la condició de patir un contagi massiu. Les definicions dels diccionaris generals de la llengua solen ser imprecises quan es tracta de termes tècnics. Són els organismes competents els responsables de completar-les a mesura que es requereix més precisió. Així, l’Organització Mundial de la Salut (OMS) ha establert que, per declarar l’estat de pandèmia i poder activar una sèrie de protocols d’actuació, s’han de complir dos criteris: que el brot epidèmic afecti més d’un continent i que els casos de cada país ja no siguin importats, sinó transmesos dins de la pròpia comunitat. Sense pretendre corregir l’OMS, potser el terme epidèmia: “Malaltia infecciosa accidental i transitòria que ataca un gran nombre de persones d’una regió” (DIEC) descriu millor com actua el Covid-19 un cop ha penetrat en algunes àrees que li resulten propícies. És el cas de la Llombardia (nord d’Itàlia), les CCAA de Madrid, Catalunya i la Rioja (Espanya), la ciutat de Nova York (EUA) i, per descomptat, el seu origen conegut, la ciutat de Wuhan (província de Hubei, Xina). Es podria dir que aquesta pandèmia es manifesta com una epidèmia a partir d’uns focus molt localitzats anomenats epicentres. De seguida exposaré les meves raons.
Els únics països que, segons les xifres oficials, superaven els 1.000 morts a primera hora del 28 de març són, ordenats de major a menor, Itàlia, Espanya, Xina, Iran, França i EUA.[2] Entre tots, sumaven 23.644 morts dels 27.373 registrats a tot el món (86,37%); i tenien 407.635 dels afectats d’un total mundial de 597.318 (68,24%).[3] Sembla, doncs, que el Covid-19 es comporta de manera molt selectiva.
Dos d’aquests països, Itàlia i Espanya, tenen una mortalitat del 10,5% i el 7,8%, respectivament. Són percentatges esgarrifosos, sense parangó en cap altre país del món, per més que no tinguem el nombre real de contagiats (el cert és que cap país el té). La magnitud real dels contagis deu ser molt més gran, amb la qual cosa la mortalitat estaria per sota de l’1% si hem de fe cas als experts. El mateix dia, la taxa de mortalitat era de l’1,63% als EUA i de l’0,68% a Alemanya. Aquesta última és tan baixa que per ara resulta insòlita en el conjunt de les nacions. Tanmateix és la que els viròlegs pronostiquen que finalment s’ajustarà millor a la realitat.
Insistint en la geografia, els epicentres de la pandèmia estan situats en algunes àrees temperades de l’hemisferi nord. Sembla clar que la latitud i el clima són factors crucials. Les xifres aportades per un país tropical com Índia són ínfimes (el subcontinent indi acull a un sisena part de la població mundial). Encara que admetem que no siguin dades del tot fiables, pràcticament no han augmentat en els darrers set dies. En la major part dels països d’altres latituds, incloent-hi els temperats de l’hemisferi sud per raons estacionals, els casos són anecdòtics. Consultar el mapa mundi i revisar la premsa estrangera és força il·lustratiu.
L’evolució de l’epidèmia, que podem anar seguint dia a dia des del nostre confinament gràcies a institucions i mitjans solvents a través d’Internet, ens ha conduït aquí. No sabem com seguirà ni quan acabarà. L’únic model que coneixem és el de Xina, que ens porta un parell de mesos d’avantatge (descomptant el cas de Corea del Sud, un país similar a Espanya en població, latitud i PIB, on el brot va ser avortat per la rapidesa en la detecció i l’aïllament dels contagiats). La corba de la funció matemàtica xinesa ja s’ha aplanat i quasi no registra nous contagis ni morts.
No es podia preveure a finals de gener que l’epidèmia colpejaria tan especialment Itàlia i Espanya, així és que culpar els nostres líders polítics d’haver reaccionat tard i malament és un fàcil recurs a toro passat. Per comparar-nos amb altres països occidentals, Emmanuel Macron va trigar encara més que Pedro Sánchez a adoptar mesures i, curiosament, França no evoluciona tan malament com Espanya. Per la seva part, dos líders de països anglosaxons, Boris Johnson i Donald Trump (recordem com se’n reia el president nord-americà del virus xinès), que van prendre mesures després de Sánchez i de manera notablement més laxa, poden presumir que les xifres dels seus països són clarament millors que les nostres. Els EUA tenen el nombre més alt de contagiats del món, 104.256 (0,03% de la població), però s’acostuma a silenciar que acullen set vegades més habitants que Espanya (seguint la proporció, Espanya tindria menys de 10.000 casos confirmats i no els gairebé 68.000 que presenta). Tanmateix, malgrat patir tants contagis en termes absoluts, només han reportat 1.704 defuncions (1,63% de mortalitat, la tercera taxa més baixa, després d’Alemanya i Corea del Sud). Pel que fa a Regne Unit, hi ha únicament 14.543 casos positius (0,024% de la població) i 759 decessos (5,21% dels malalts). Una taxa de mortalitat molt menor que l’espanyola i la italiana (recordi’s que Espanya i Itàlia superen el 7% i el 10%, respectivament).
De totes maneres, quan passi l’epidèmia, serà urgent investigar per què Itàlia i Espanya han patit molt més severament que cap altre país els estralls d’un virus tan virulent com poc letal (Xina té una població 28 vegades superior a l’espanyola i ja està molt per darrere en positius confirmats i en morts). Ha quedat palès que el tòpic mil vegades evocat que la sanitat espanyola era una de les millors del món ja no val -si algun cop havia valgut abans de les dràstiques retallades pressupostàries posteriors a 2008. Un 14% dels contagiats espanyols són sanitaris: un rècord mundial infaust que qüestiona severament les condicions laborals dels nostres sanitaris, que són professionals molt ben formats i per això els exportem a països principals de la UE. Si no hi ha una predisposició genètica o una explicació sociològica a la vulnerabilitat d’espanyols i italians davant del Covid-19, caldrà reconèixer que potser l’enorme desinversió en recursos per a la salut pública, perpetrada durant anys per diversos governs, tingui alguna relació amb la nostra dramàtica situació.
No fóra sorprenent descobrir que bona part dels contagis de la població comuna s’han produït als centres d’atenció primària (CAP) i als serveis d’urgències dels hospitals. Sabent el que sabem, per què no es tranquil·litza els ciutadans mostrant com el virus de la grip comuna causa molts més morts que el Covid-19 en qualsevol temporada estàndard? Per què s’opta per l’alarmisme quan ja se sap que la corba remetrà? Només per no col·lapsar les UCI? L’alarmisme va fer anar milers de persones amb molèsties lleus per altres afeccions als serveis d’urgències, d’on probablement una gran part van tornar a casa contagiats pel coronavirus.
Previsiblement, el preu que pagarem en forma de recessió econòmica serà molt superior al que ja paguem en vides humanes. És un indicador d’immaduresa social dissimular que la immensa majoria de les víctimes són ancians que tenien una esperança de vida molt curta i de pèssima qualitat. També ho és el fet d’ajornar sine die la previsió de les conseqüències que les mesures draconianes que s’han adoptat tindran en l’economia i com repercutiran en la ciutadania. La proliferació d’ERTO, el presumible retard en el retorn de l’atur a nivells normals i la pèrdua general de poder adquisitiu per la inèrcia de la frenada, així com les inevitables retallades pressupostàries. Els afectats seran ciutadans dels mateixos estats que ara els perjudiquen pel seu propi bé decretant la hibernació de l’economia.
No ho podíem saber abans, és cert, però potser hauríem d’aprendre alguna cosa de cara a les crisis similars que, segons els epidemiòlegs, sovintejaran en el futur. Ara era impossible actuar de manera diferent a com ho han fe la majoria de governs. Boris Johnson ho va intentar quan va exposar la seva estratègia d’aconseguir la immunitat de grup a Gran Bretanya (una tesi tècnica que anticipa l’evolució natural de la pandèmia a tot el món en el termini d’un any) i aviat va haver de fer marxa enrere a contracor.
Quan hi hagi una nova onada anàloga a l’actual, potser serà més raonable aïllar i protegir tota la població de risc i deixar que la massa social restant, prou saludable com per superar una infecció similar a la del Covid-19 sense gaires complicacions, segueixi treballant i produint, tot i respectant les precaucions indicades per l’autoritat sanitària. Les pèrdues en vides, sempre doloroses per als pròxims, es farien així suportables en virtut de l’interès general. No som immortals, i a vegades és més intel·ligent deixar que la parca s’emporti la seva collita amb una mica d’antelació que malbaratar el tresor del regne per ajornar uns mesos la fatalitat. Si la nostra privilejadíssima i estovada societat no està preparada per assumir el relativament baix cost en vides d’aquesta crisi, ¿què passarà quan vingui una altra guerra o una pandèmia veritablement mortífera com la grip espanyola de 1918 (50 milions de víctimes mortals a tot el món) o l’epidèmia de pesta de 1347 (va desaparèixer un terç de la població europea; l’equivalent avui a 150 milions de persones només a la Unió Europa)?
Forma part de les responsabilitats de govern fer una anàlisi racional i realista del cost-benefici, no una de moralista i falsament compassiva. Amb la informació disponible i l’assessorament dels experts, els dirigents han de prendre decisions racionals, honestes i valentes, encara que siguin dures i impopulars. Al final, els veritables líders es fan responsables dels resultats de les accions que ordenen executar, siguin bons o dolents. Es poden referir moltes situacions històriques rellevants, amb ocasió de guerres o crisis greus, en les quals el cap de govern ha hagut de prendre decisions cruels i discriminatòries per a part de la població en ares de l’interès general de l’estat. Per posar un exemple conegut, a la 2a Guerra Mundial, el Primer Ministre britànic Winston Churchill va decidir no advertir els ciutadans de Coventry que serien bombardejats pels avions de la Luftwaffe per no revelar que havien desxifrat Enigma. L’atac va causar milers de baixes, víctimes col·laterals d’una causa major. Una vida humana no val sempre igual en el mercat de la geopolítica. Ni dues vides són equivalents. Ho saben molt bé els metges que han de decidir aquests dies, amb les places de les UCI limitadíssimes, a quin pacient s’atén i a quin es desnona.
I mentrestant, a mesura que l’epidèmia ha anat prosperant, els experts de cada país han fet les projeccions estadístiques amb les dades disponibles. Donat que el països rics del centre i del nord d’Europa s’estan lliurant de la plaga, no és esperable que la UE emeti coronabons ni autoritzi una mutualització de les pèrdues si no canvia la tendència. Com a molt, la Comissió Europea oferirà el rescat a Espanya i a Itàlia (França probablement no el necessitarà). I si ens hem de guiar per la darrera crisi econòmica, per aprovar el rescat s’exigiran unes condicions duríssimes. Europa està molt lluny de ser un supraestat; no passa de ser un supermercat.
Ja fa temps que tinc la desassossegadora sensació que formo part d’un passatge d’infants en una nau tripulada per cecs i pilotada per un borni miop. La premsa seriosa segueix el joc a les autoritats com si no hi hagués alternativa, i la premsa groga les critica per raons espúries. Cada facció utilitza les seves armes en la guerra partidista, però no addueix raons econòmiques i tecnicosanitàries.
¿Potser ignorem la que solia ser la nostra única certesa? ¿Necessitem, igual que els divinitzats emperadors de Roma, que algú ens la recordi? Que se’ns recordi que som mortals?
Memento mori



[1] Aquest article s’ha elaborat amb les dades fetes publiques el matí del 28 de març de 2020 a https://www.worldometers.info/coronavirus/. Al cap de 24 hores, les xifres absolutes havien augmentat, però les relatives no ho havien fet significativament. És de preveure que creixi la taxa de morbiditat i decreixi la de mortalitat a mesura que corrin els dies fins que l’epidèmia, indefectiblement, passi.
[2] El dia 29 de març, el Regne Unit es va unir a aquest infaust elenc, i probablement altres el seguiran aviat.
[3] El nombre d’infectats actual representa un 0,0077 de la població del planeta (7.700 milions, aproximadament). En tot el que portem d’any, un 0,2% del total de defuncions al món han estat causades pel Covid-19. Tenint en compte les edats i les condicions de salut de la majoria dels afectats, molts d’ells haurien mort inevitablement poc després.

diumenge, 20 de juliol del 2014

¿COMPETITIVIDAD? NO LA LOGRAREMOS SIN FORMACIÓN DE CALIDAD

La formación de calidad no es un gasto para las empresas, sino una inversión; y además muy rentable. Sus frutos son evidentes para cualquiera que se tome la molestia de analizar la marcha de las organizaciones cuyos departamentos de recursos humanos la llevan a cabo de manera planificada y eficiente.
Los agentes responsables de proponer estrategias actualizadas de formación, así como de facilitar a empresas y empleados el acceso a las herramientas para implementarlas, son las organizaciones empresariales y los sindicatos. Empresas y trabajadores son los primeros beneficiarios de una formación bien diseñada.
El deber de las distintas administraciones del estado, y de la Comunidad europea como organismo supranacional, es facilitar el acceso universal a la formación de calidad y vigilar su correcta distribución. Serán eficaces las ayudas y subvenciones públicas siempre que se garantice la justicia del proceso y su transparencia. El estado y Europa también se benefician de una población activa profesionalmente bien formada.
Sin embargo, no hay que escudarse en las instituciones para evitar toda la inversión que precisan los planes de formación: una cosa es beneficiarse legítimamente de las ayudas públicas y otra muy distinta hacer que toda la formación dependa de esas ayudas. Porque cuando es así, y eventualmente se cierra el grifo del dinero público, dejan de ofrecerse actividades formativas.
La actual atonía en el sector de la formación de empresa se debe a la parálisis causada por la corrupción a gran escala de algunas empresas, partidos políticos y sindicatos (v. gr. el caso UGT en Andalucía) que ha hecho reconsiderar al Gobierno de la Nación que por cierto tampoco anduvo muy fino en su papel de garante de la legalidad y la transparencia los mecanismos de asignación de subvenciones. Mientras, las empresas simplemente han dejado de contratar formación externa excepto para necesidades imperiosas que no pueden ser cubiertas por sus propios medios.
Con todo, ahora es un buen momento para tomar la iniciativa, porque no hay empresa competitiva que invierta 0 € en formación ni país económicamente potente que fíe todo a las ayudas institucionales. En conclusión:
  1. Si es usted empresario, analice las necesidades de su organización, asesórese debidamente y ponga en marcha programas de formación de calidad adecuados a cada una de las áreas y niveles profesionales.
  2. Si es sindicalista, contribuya activamente a generar interés por la formación de calidad entre los trabajadores, procure estar al día en cuanto a sus necesidades y negocie con las empresas su oferta.
  3. Si es empleado, no rehúya la formación: más bien exíjala a sus superiores.
  4. Si es político, trabaje para garantizar la corrección en el proceso de asignación de fondos para formación, así como para canalizar las ayudas públicas sólo a quien cumpla escrupulosamente los requisitos establecidos.
  5. Si por ventura fuese usted Cristóbal Montoro, entonces me permito sugerirle que mejore sustancialmente la fiscalidad para las empresas que inviertan en planes de formación.

La formación no puede dejarse de la mano de Dios. Hay que trabajar duro para que este país salga del furgón de cola de las naciones desarrolladas. La educación en todos sus niveles, desde primaria a la universidad pasando por la formación profesional, es la clave. La formación de empresa toma sentido sólo cuando complementa las habilidades anteriormente adquiridas en el sistema educativo, y se trata de algo demasiado importante para dejarlo totalmente en manos del estado.
Uno es libre de cultivar o no su espíritu; sin embargo, decidir si mejora su capacitación profesional no debería ser una cuestión de libre albedrío, al tratarse de un recurso económico que sirve al interés general. (Ningún empleado se puede negar a familiarizarse con un nuevo programa informático, nuevas técnicas de soldadura o de transmisión mecánica si los necesita para desarrollar eficazmente su labor. Como un juez no puede desconocer la legislación aparecida tras ganar su plaza en las oposiciones a la judicatura.)
En un mercado económico eficaz, la meritocracia es una ley. La economía española siempre ha pagado muy cara su tendencia a conculcar dicha ley. ¿No es hora ya de cambiar los viejos malos hábitos? Invertir en formación de calidad es uno de los buenos métodos para conseguirlo.
If you agree, just do it.

divendres, 23 de maig del 2014

¿PUEDE LA LEY CONVERTIRSE EN UNA JAULA PARA TWITTER?


Algunos hechos permiten ver que la libertad ilimitada de expresión puede ser en realidad perjudicial para la libertad general de los individuos. Dos cuestiones han llamado recientemente la atención de la opinión pública española sobre Twitter.
La primera fueron los comentarios jocosos y ofensivos vertidos a la red por gente evidentemente insensible a raíz del asesinato de una política leonesa. Aplauden el crimen porque ─sostienen─ todos los políticos son corruptos. Estoy convencido de que la justificación de la muerte violenta de los políticos y el aliento de cualquier tipo de violencia en su contra no pueden ser aceptados por personas civilizadas.
En el segundo caso, se publicaron miles de tuits contra los judíos cuando el Maccabi de Tel Aviv derrotó al Real Madrid en la final de la Liga de Campeones de Baloncesto. Los tuits contenían insultos de algunos idiotas y fueron retuiteados por otros imbéciles, por lo que se expandieron exponencialmente por la red.
Por desgracia, todos los días podríamos encontrar miles de casos similares en las redes sociales. Se difama a hombres y mujeres por igual, especialmente si tienen alguna relevancia pública. Sólo por ser homosexuales o ancianos, estrellas del pop, futbolistas, de color negro, amarillo, blanco o rojo; sólo por ser diferentes de quien emite el mensaje. Miles de tuits expanden a diario mezclas de mentiras y medias verdades por todo el mundo. Entonces, ¿por qué estas dos circunstancias concretas han generado debate?
En el asesinato de la presidenta de la Diputación provincial de León, la clase política reaccionó corporativamente para protegerse y acaso frenar su pérdida de prestigio. No pueden permitir (y cualquier ser razonable estaría de acuerdo con ello) que la gente empiece a utilizar la violencia, verbal o física, para expresar su frustración.
En la campaña contra los judíos, el problema es demasiado sensible para ser tolerado en absoluto. ‘La solución final de la cuestión judía’ que los nazis desarrollaron y que dio origen al holocausto es algo que nunca debe ser olvidado. No se puede permitir que personas sin ningún tipo de memoria histórica ni escrúpulos morales se mofen impunemente de ello. Se entiende que muchas organizaciones judías protestaran y denunciaran ante el juez a los responsables de los tuits.

En mi opinión, es necesario dotarnos de algún tipo de regulación legal para evitar en lo posible casos similares ─o para poder perseguirlos judicialmente cuando ocurran─ porque la vida social necesita leyes y normas para ser viable; y no cabe duda de que las redes sociales forman parte de la vida social. La libertad de palabra y de expresión necesita garantías para poder ejercerse racionalmente en una sociedad libre e igualitaria. ¿Puede realmente una regulación prudente y bien ponderada convertirse en una cárcel para el pájaro que simboliza a Twitter?

divendres, 1 de novembre del 2013

UNA IMATGE QUE PARLA (ANGLÈS)


Una fotografia apareguda a la secció d’internacional del diari EL PAÍS (25/10/13, p. 2) retrata una significativa escena captada en la darrera reunió del Consell Europeu a Brussel·les, el 24 d'octubre. Sembla que va ser presa abans de l’inici o potser en un descans de la sessió. La llarga taula semicircular estaria buida si no fos per la presència d'una única figura sedent. Es tracta del president del govern espanyol, Mariano Rajoy, que està repassant uns papers per entretenir l’espera ─o fingeix que els repassa. Rere seu, un grup de cinc o sis mandataris conversa animadament a peu dret. Hi destaquen la cancellera alemanya Angela Merkel, el primer ministre italià Enrico Letta i, mig tapat, el president francès François Hollande.
De què parlen? No ho podem saber concretament, perquè es tracta de converses informals que no quedaran enregistrades més que en la memòria dels protagonistes. No hi ha traductors, ni taquígrafs ni més testimonis que els integrants del cercle. Tanmateix, podem estar segurs que estan fent política. La política real, més enllà dels discursos protocol·laris que els representants han de llegir o pronunciar quan els toca el torn, es fa caminant pels passadissos, a peu dret aprofitant un recés enmig de les maratonianes sessions, prenent un cafè o una cervesa al bar, sopant informalment en un restaurant... És en aquests moments aparentment ociosos quan s’ordeixen aliances, es procuren suports, es fan apropaments estratègics i pot fluir la química (o el feeling, com se sol dir) entre els màxims representants dels estats.
En les distàncies curtes, quan la cotilla del formalisme s’afluixa, pot aflorar la personalitat carismàtica o esmussada dels líders polítics, la seva refinada cultura o supina ignorància, les íntimes aficions o fòbies viscerals. Per la bona entesa de les nacions, hi fan més les complicitats que sorgeixen d’aquests apropaments que les àrdues negociacions per casar uns interessos sovint divergents.
Els presidents del govern espanyols ─excepte González, que es defensava en francès─ mai han sabut conrear aquest ‘tercer temps’ (per parafrasejar el llenguatge del rugbi) de la política internacional. Les raons són fàcilment explicables: a) la inseguretat causada per una certa intuïció de la pròpia mediocritat, b) la baixa autoestima nacional pel paper de comparsa que té Espanya a Europa i al món (un paper minoritzat que no es correspon en absolut amb el seu pes específic real) i c) no saber anglès. Aquesta darrera és la més patètica, ja que es pot solucionar fàcilment. González se salvava més, probablement, per la simpatia i la reconeguda personalitat seductora que el caracteritzaven que pel francès que pogués exhibir.
Des que Espanya va entrar al club europeu, cap dels presidents i molt pocs dels ministres han destacat per l'excel·lència amb la llengua dels Beatles. I és sabut que al món mundial, tothom que vulgui establir relacions internacionals, ja siguin de caire polític, comercial, cultural o d’entreteniment ha de manejar-se amb una certa desimboltura en anglès. Des que Espanya va entrar a la Unió Europea, ni González, ni Aznar, ni Zapatero ni Rajoy han estat a l’alçada en aquest aspecte. ¿S’estaran preparant ja els pròxims candidats a la presidència del govern per corregir el tradicional dèficit idiomàtic dels líders espanyols? Entre els possibles noms, ignoro com porta l’anglès Alfredo P. Rubalcaba, però la lideresa Esperanza Aguirre sí que té un nivell òptim. Carme Chacón, per la seva part, està impartint un curs a una universitat nord-americana de Florida ─i és de suposar que no el fa en espanyol! Els ministres i alts càrrecs que dominen prou bé l’anglès deuen patir molt quan formen part del seguici d’un cap incapaç de dir ‘good morning’ sense embarbussar-se.
Mentrestant, l’anglès és un requisit essencial en qualsevol oferta de treball, encara que la seva utilització no sigui gaire previsible en el lloc al qual s'aspira. Imagino que per això es prefereix que s’adjunti un certificat de coneixements al CV que no pas fer una entrevista en anglès al candidat. En moltes empreses i institucions, qui la faria? Quants càrrecs polítics, elegits o designats, que han de mantenir relacions internacionals quedarien fora de joc si haguessin de prescindir de la seva cort de traductors i intèrprets? I quants diners costa a l’estat tanta ignorància idiomàtica? El pitjor de tot, no obstant, és la pèrdua de contactes, simpaties, suports, complicitats, sinèrgies i relacions humanes que la incompetència idiomàtica ocasiona.
─May we do anything to solve it?
─I’m afraid not if we don’t reach to improve our General Education System. I wonder if Mr. Wert agrees.


dimarts, 22 d’octubre del 2013

DE CONGRESSOS I LLENGÜES

Antonio Muñoz Molina (AMM) critica, en un article sobre el Congrés de la Llengua espanyola a Panamà ("Grandes borrascas de palabras", EL PAÍS, 12/10/2013), la presència dels governs de les nacions de parla espanyola en una convenció que, en el cas de voler-la justificar, hauria de ser eminentment cultural. La presència de polítics l’acaba reduint a un acte de propaganda. S’hi enalteix l’idioma propi com si fos essencialment superior o més bell o més útil que els altres i s’oblida que cada llengua va ser engendrada, i ha evolucionat fins al seu estat actual, per cobrir les necessitats comunicatives que exigeix la vida social. Tots els idiomes sense excepció les cobreixen. Hi ha llengües amb escriptura (és a dir, amb un sistema de signes gràfics que n’ha permès el desenvolupament culte) i llengües àgrafes; les llengües són més o menys afortunades quant a la qualitat de la seva literatura i altres productes culturals; i n’hi ha algunes, per fi, que han assolit una gran projecció planetària per raons històriques, geopolítiques i demogràfiques. Es parlen més de cinc mil llengües a la Terra que, malgrat tenir la mateixa funció, no tenen el mateix estatus.
El ranking de llengües amb més parlants és encapçalat pel xinès mandarí, seguit de l’anglès, el castellà (espanyol) i l’àrab. No donaré xifres perquè varien molt en funció de les fonts, però a grans trets, la classificació es pot donar per bona. Fins i tot tenint en compte que una cosa és ser natural d’un país o haver-hi immigrat i l’altra parlar la llengua oficial o la comuna entre la majoria de ciutadans del país en qüestió. Als EUA, per exemple, hi ha molts habitants, vinguts de fora o nascuts allà, que no parlen anglès habitualment (o que fins el desconeixen, en casos no tan infreqüents).
Per a nosaltres, els espanyols, tan capficats amb la qüestió de les llengües oficials i cooficials, és molt curiós que als EUA no hi hagi cap llengua oficial. L’anglès és la llengua de l’Administració de facto, però no de iure. I pels carrers de les ciutats nord-americanes es parlen milers de llengües diferents, segurament més que en qualsevol altre país del món.
La puixança de l’anglès al món actual és tal que no li cal promoció ni defensa. Són les llengües febles les que necessiten afirmar-se. Una llengua pot ser feble per tenir relativament pocs parlants, per no tenir un estat propi o institucions de govern que en defensin l’estatus, per compartir hábitat amb alguna llengua més poderosa, per l’escassa influència econòmica del territori on es parla o pel poc valor relatiu de la cultura que s’hi elabora. A vegades, diversos dels motius esmentats entren en sinèrgia.
Pel que fa al català i ateses aquestes consideracions, em sembla que la meva llengua materna ocupa un estatus intermedi i una posició destacada en el concert lingüístic internacional: no és una de les deu grans llengües del món, però n’hi ha milers amb molta menys projecció. Per altra banda, em sembla clar que, si una persona s’estima la llengua vernacla, el primer que ha de fer és cultivar-la i utilitzar-la de manera natural. Però no per això cal renunciar al coneixement i a la utilització d’altres llengües que li permetin augmentar la seva capacitat de comunicació, sobretot si es tracta d’alguna de les grans.
Malgrat l’ancestral complex d’inferioritat espanyol ─que sovint és sublimat amb campanyes d’afirmació nacional com la recent iniciativa de la promoció de la ‘Marca Espanya’─, la llengua castellana (espanyola) té una presència molt important al món. No només perquè la utilitzen cada dia centenars de milions de persones a desenes de països, sinó perquè la cultura que s’ha fet en espanyol és una de les més riques del món modern i contemporani. És cert que Espanya no és una de les primeres potencies mundials, però ocupa en el context internacional, i a pesar de la crisi que l’ha castigat molt severament, un lloc de privilegi. Cal destacar que, per oscil·lar entre les posicions 11a i 13a segons el PIB i entre la 25a i la 28a segons l’Índex de Desenvolupament Humà, la immensa majoria dels aproximadament dos-cents estats del món estan per darrere d’Espanya quant a riquesa i qualitat de vida. Ser espanyol no és en principi, per més que molts s’esforcin a fer-ho creure, una maledicció bíblica.
Altra cosa és que les polítiques públiques d'un i altre partit en el govern siguin les més adequades, i que la promoció de les llengües i les cultures espanyoles al món es gestioni de la manera més intel·ligent i plausible. Els actes que se solen organitzar a l’estranger amb fons públics tenen un tuf folklorista i un aire provincià que han estat molt ben retratats pel mateix AMM a Todo lo que era sólido. No importa quin govern autonòmic estigui rere l’esdeveniment, tots són igual de folklòrics i provincians; encara que en les comunicacions que s'hi fan es renegui d’Espanya.
La llengua castellana, amb els seus múltiples accents i colors, es defensa sola. Evoluciona i es barreja pel contacte amb altres idiomes als llocs on s’expandeix, com sempre ha ocorregut amb totes les llengües. Si els puristes tinguessin raó i no s’haguessin d’acceptar els canvis, mai s’hauria deixat de parlar llatí (o grec, o sumeri o la llengua primigènia del Paradís terrenal bíblic). El mestissatge lingüístic és tan natural com inevitable, mentre que els congressos per la llengua acostumen a ser dominats per puristes i oligarques (de la cultura i la política) que es queixen de com es maltracta la seva llengua (pura) i de comptables lingüístics que fan estimacions de quant creix la nòmina de parlants.
Però quan una llengua té una salut de ferro com és al cas del castellà (espanyol), potser les qüestions més adients a plantejar-se són ─tal com reflexiona AMM─ quin és el nivell de riquesa dels seus parlants, quin és el seu grau d’instrucció, en quina situació política es troben els països on habiten, quins són els seus hàbits de consum de productes culturals: quina és la seva qualitat de vida, en definitiva.
Els països hereus del colonialisme anglosaxó, amb totes les pegues que se’ls vulgui trobar (tant a l’ex metròpoli com a les ex colònies) tenen una qualitat de vida molt superior a la dels països iberoamericans. I no pas perquè les riqueses naturals estiguin desigualment repartides per àmbits lingüístics: Sud-amèrica és riquíssima en recursos naturals. (Hi ha raons històriques i culturals que ajuden a entendre perquè és així.) En el cas de les llengües, és simptomàtic que hi hagi congressos de les llengües espanyola i francesa però no en canvi de la llengua anglesa, segons ens informa AMM: és evident que no n’hi fan falta. L’Imperi britànic primer i l’hegemonia nord-americana després han estat raons suficients per entendre l’estatus de lingua franca que té l’anglès al món actual. I serà així fins que es consumi una nova revolució geopolítica.
-Do you think that Mandarin Chinese will be the new lingua franca in the near future?
-Maybe, but not yet.